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viernes, 9 de agosto de 2013

Alimoche inmaduro

 Sai zuri/Alimoche/Neophron percnopterus
 
El día 11 del pasado mes de junio, en una de nuestras salidas camperas, por la sierra de Aralar (Sierra compartida por Gipuzkoanos y Navarros), observamos la presencia de este ejemplar de alimoche (Neophron percnopterus).
 

 Sai zuri/Alimoche/Neophron percnopterus
 Sai zuri/Alimoche/Neophron percnopterus
 
 En un principio pensamos que se trataba de un ejemplar del año, pero observándolo con más detenimiento llegamos a la conclusión de que se trataba de un inmaduro. Los ejemplares del año son más oscuros.

 Sai zuri/Alimoche/Neophron percnopterus
 
El ejemplar dio varios círculos y al cabo de varios minutos desapareció tras un collado. Esta especie se considera vulnerable en el  catalogo vasco de especies amenazadas. Más información en Aranzadi. El color de la cabeza era de color amarillo, que como bien explica Marcos Lacasa en su libro sobre Rapaces, se debe a la alimentación, en concreto a la síntesis de la luteína, un carotenoide presente en huevos de otras aves, saltamontes y heces del ganado. Al final una foto de un adulto.

 Sai zuri/Alimoche/Neophron percnopterus
Sai zuri/Alimoche/Neophron percnopterus

sábado, 30 de marzo de 2013

GYPAETUS BARBATUS POR NUESTROS MONTES


El verano pasado subimos una entrada con un protagonista estelar de lujo, un Quebrantahuesos (en euskera Ugatz) llamado “Kiriku” http://seodonostia-gipuzkoa.blogspot.com.es/search/label/KIRIKU
Un tiempo atrás, también hablamos de otro Gypaetus con nombre propio, “Benigno” al que tuvimos la fortuna de observar en la ZEC Monte Alduide, y que, por causas ajenas a nuestra voluntad, la entrada no está enlazable, pero podemos verle, aunque lejos y borroso, en la foto siguiente:



Hoy hablaremos un poco de otros ejemplares de la especie que van consolidando sus territorios entre nosotros, aunque y de momento, aún no se haya producido la tan esperada reproducción exitosa.
En la parte nororiental de la Comunidad Foral de Navarra, lindando y compartiendo espacio natural con Gipuzkoa, encontramos las sierras de Aralar, Urbasa, Andia, Arbaiun, Alduide o las cumbres de Baztan. Estos espacios albergan hábitats adecuados a los requerimientos de la especie y despensa suficiente para su especializada dieta.




Los macizos rocosos de nuestro territorio son espacios puente vitales para la expansión de la especie, en dirección oeste, en el intento de recolonizar Picos de Europa. Es decir, consolidar la conectividad con la población del Pirineo. Sabido es que la propia ecología y comportamiento de estas magníficas aves son un hándicap para restablecer su presencia allí donde se extinguió, como la tardía madurez reproductora (6-7 años), la escasa tasa de fertilidad (0,5 pollos pareja-año) y una acentuada filopatria que les lleva a retornar a su lugar de nacimiento tras la dispersión seminómada durante su inmadurez.



Estas circunstancias son inherentes a la especie, tanto como su hermosa silueta. Lo que más debería preocuparnos son las afecciones negativas no naturales, ya que las provocamos nosotros, los humanos, y es sobre las que deberemos actuar para eliminarlas de la ecuación.
Perder valiosos individuos de esta especie por disparos de escopeta, envenenados con variadas ponzoñas, víctimas de impactos y electrocución en tendidos eléctricos o directamente la expoliación de huevos es, además de perseguible y punible, imperdonable.
Legislación en materia de ganadería, por problemas sanitarios no generados por la actividad tradicional y sostenible, han reducido la disposición de recursos alimenticios y alterado la forma de acceder a ellos. La gestión de las reses muertas, tras la aparición de la enfermedad de las “vacas locas”, ha sido el ejemplo más reciente.
El “disfrute de la naturaleza” de forma descontrolada, invasiva y perturbadora, no es un mal menor, ya que puede provocar la muerte por inanición, o indefensión, de pollos cuyos padres son espantados de los nidos a los que no vuelven. Acostumbramos a afirmar que los Quebrantahuesos anidan en cavidades de paredes rocosas inaccesibles, pero esta aseveración se tambalea ante la escalada y el parapente, sino se regula en las áreas sensibles.



Mucho, muchísimo, queda por hacer, y esperar, para que los Quebrantahuesos salgan de la nómina de especies en peligro de extinción, pero hay que reconocer el trabajo que desarrollan profesionales y voluntarios, con mayor o menor respaldo de las administraciones públicas (nos gustaría añadir la coletilla “competentes”) a favor de este objetivo. Comprobar, sobre el terreno, esta difícil labor, nos reconcilia un poco con nuestra propia sociedad-civilización, tan nefasta en otros aspectos. Sumamos esta sensación a la de por si hondamente plena de transitar por el monte. Si como decíamos, el futuro de la especie reside en el restablecimiento de poblaciones estables y genéticamente viables, en las grandes cordilleras, no es menos importante y gozosa, su presencia en los lugares de transición como lo es nuestro territorio.


Patear por estos espacios, tan bellos como inhóspitos y misteriosos, de lo que, en otras eras geológicas, fueron fondos marinos que las fuerzas tectónicas elevaron a las alturas, es en si mismo impresionante. La historia, la leyenda y las tradiciones los han salpicado de mitos y ermitas que coexisten en armonía con las criaturas que requieren de estos hábitats. Pese a la indudable y palpable alteración del paisaje a lo largo de los siglos, estos lugares aún albergan el espíritu de lo salvaje, tal como en el espíritu de los vascos aún persiste la proyección casi totémica de las montañas. Este profundo y arraigado sentimiento debería ser herramienta de conservación para preservar la riqueza geológica, biológica y cultural de estos parajes.



El personal encargado del seguimiento de estos Quebrantahuesos, desde puntos estratégicos, telescopios en ristre, lleva una anotación rigurosa y concienzuda, como notarios que son, del transcurrir de las vidas de estas grandes y escasas Falconiformes. Coincidir con ellos, sin perturbar su tarea, da lugar a la charla amigable e instructiva, no exenta de ciertas complicidades e intercambio de experiencias sobre algo tan fascinante como ajeno a la gran mayoría de la gente. Lo mismo profesionales, contratados o voluntarios, expertos o recién iniciados, nos debatimos en el equilibrio necesario entre la divulgación de estos tesoros y la discreción necesaria para su preservación. 



Si el día que subimos a los reinos de Mari (numen por excelencia del Olimpo vasco) está de visita su hermana Fortuna (del Olimpo clásico), puede que la sombra del Quebranta nos pase no muy lejos. Si llevamos los ojos abiertos, será una experiencia emocionante, una sorpresa, no por deseada, menos sorprendente. Oportunidad casi única que se graba en la memoria, en el rincón de los momentos felices. Es tal es subidón que casi ni se atina a coger la cámara que nos cuelga del cuello. 



Existe una oferta de emplazamientos habilitados para observación y fotografía de estas aves, allí donde son relativamente abundantes y acuden a comederos ex profeso. Quien ha tenido la oportunidad de acceder a uno de estos hides, habrá tenido compensación suficiente al esfuerzo que condiciona su uso con la ocasión de ver a los Quebrantahuesos a poca distancia. ¿Qué se puede decir cuando es el “pájaro de fuego” el que nos sobrevuela, indiferente a nuestra presencia en su territorio, sin preparación ninguna, sin “cita previa”, mostrándose en todo su esplendor de “señor por sus dominios”?


Respeto y admiración, conciencia conservacionista, son valores que necesitamos transmitir ya que sin ellos el futuro, e incluso el presente, de muchas especies y espacios desaparecerán irremisiblemente. Los Quebrantas, como otras muchas riquezas naturales, son atractivos para el ecoturismo o turismo de naturaleza, deberemos ser muy escrupulosos para que esta actividad no pervierta su sentido y resulte contraproducente en lugar de aportar beneficios al medio y criaturas a preservar. De algún modo, y ya que de divinidades hablábamos, no se debe utilizar su nombre en vano.



domingo, 19 de agosto de 2012

KIRIKU




Kiriku es uno de los Quebrantahuesos de la pequeña población de la vecina Nafarroa. Esta especie, Gypaetus barbatus, Ugatz en euskera, es un icono de la defensa de la Naturaleza, ya que su estatus de conservación lo clasifica como “en peligro de extinción”, tanto a nivel europeo, nacional, como autonómico.  Basta tener en cuenta que la población total, en su área de distribución europea, incluyendo el norte de África y el oriente próximo, se estima en unos escasos 500 ejemplares. Si, desgraciadamente, se está detectando cierta regresión en su población global europea, por fortuna esto no parece estar sucediendo con los “Quebrantas” de nuestra zona.


Distintos proyectos de reintroducción y consolidación de la especie se están llevando a cabo en la Península Ibérica, conjuntamente con otros en los Alpes. El reducto pirenaico está siendo el germen de la recuperación que, con independencia de las reintroducciones en Picos de Europa o Cazorla, está generando la recolonización espontánea natural hacia áreas más occidentales. Este “puente” geográfico entre el Pirineo y la Cordillera cantábrica, que es vital para la especie, tiene su epicentro en las sierras que comparten el Este navarro, el Sur gipuzkoano y el Noreste alavés, lo que viene a ser la zona central de Euskal Herria.


Si preocupante es el pequeño tamaño de los núcleos de población (la mayor de todas se encuentra en los Pirineos con unas 120 parejas) el aislamiento de estos núcleos impide la renovación genética y el establecimientos de nuevos puntos de expansión, pese a lo adecuado de los espacios montañosos que son su hábitat donde, además, aún perdura la ganadería extensiva tradicional, fuente de alimento de esta y otras necrófagas. Es por esto que hemos dicho que, este núcleo vasco, es vital para la especie.


Kiriku, al igual que unos cuantos más, está marcado con placas alares y anillas que lo individualizan, permitiendo poderlo reconocer a distancia. Kiriku lleva, además, un dispositivo electrónico que registra localizaciones geográficas, de modo que va comunicando su posición a determinados intervalos de tiempo. Esto permite tener un registro de sus movimientos aunque ningún observador lo vea.


Estos registros constatan que Kiriku campea sin alejarse demasiado de su territorio. Es un ejemplar adulto de 6 años y, sabido es que, la mayor movilidad geográfica de los Quebrantahuesos se produce en su edad juvenil, son los llamados movimientos dispersivos que acostumbran a llevarlos, al final, a zonas muy próximas a las de su nacimiento. Esto hace que la recolonización de nuevos territorios sea muy lenta y gradual en el tiempo. Las bajas tasas de reproducción tampoco contribuyen a una expansión rápida de la especie, siendo pocos los nuevos ejemplares que se incorporan en cada generación.



El lado positivo es que es especie longeva, con lo que, si todo va bien, una pareja puede llegar a criar a veinte o treinta pollos a lo largo de su vida. Otros aspectos positivos, no relacionados con su biología sino con nefastas e ilegales prácticas humanas, va tendiendo a desaparecer. El envenenamiento aún hoy en día sigue siendo el mayor peligro para la supervivencia de los Quebrantahuesos, pudiendo echar la traste los esfuerzos para su reintroducción como ya fue causa principal de su extinción. SEO/BirdLife, consciente de este gravísimo problema actúa sobre el asunto: http://www.venenono.org/


La mal llamada caza, el abatir a tiros a ejemplares de especies protegidas, por mucho que nos escandalice es también causa importante de la desaparición o declive de los Quebrantahuesos en sus antiguas áreas de distribución. Ilegal, como el uso de venenos, estas amenazas siguen siendo muy reales y la disminución de su impacto negativo, excesivamente lento.



Los tendidos eléctricos, especialmente los de alta y media tensión, son una trampa mortal, por electrocución o colisión, para las grandes voladoras. Se deberían aplicar más y más ágilmente los sistemas que vitan estos accidentes, al menos en los territorios ocupados y potenciales de estas especies, sean o no espacios protegidos. No parece que los aerogeneradores registren una incidencia considerable en la mortandad de Quebrantahuesos, pero posiblemente esto se deba al bajo número de ejemplares y a que habitan montañas de considerable altitud. No obstante, en la mencionada dispersión, se ven obligados a transitar por cotas menores donde proliferan los parques eólicos con lo que el riesgo se acrecienta.



La alteración de su hábitat en nombre del “disfrute” de los espacios naturales, va convirtiéndose en un serio problema. Las estaciones de esquí, con sus infraestructuras asociadas (telesillas, edificaciones y carreteras de acceso) junto al afluencia de esquiadores, no beneficia en absoluto a la recuperación y conservación de estas magníficas aves. La práctica de la escalada por los cortados donde nidifican o reposan, en definitiva viven los Quebrantahuesos, puede ser muy perjudicial si no se aplican medidas de control en los lugares donde se permita esta actividad deportiva.


En un estado primigenio, los Quebrantahuesos se alimentaban de los últimos restos de las presas capturadas por los carnívoros salvajes que depredaban sobre ungulados también salvajes. Hoy, esta cadena trófica natural, ha desaparecido o se ha visto reducida a una mínima expresión, insuficiente para sostener esta estructura alimenticia, una vez más por la intervención humana.



 El pastoreo extensivo de alta montaña, paulatinamente, ha ido supliendo el aporte de reses muertas que, han pasado a ser la fuente de alimentación principal de las especies necrófagas. La precaria sostenibilidad económica de este tipo de explotaciones ganaderas que, sin ayudas externas, pueden pasar a ser inviables y, por tanto, abandonadas, complican el panorama futuro de la conservación de hábitats y especies que de ellas dependen.



Volviendo a nuestro protagonista, Kiriku, debemos señalar que lo hemos traído a estas páginas por diversas razones. La primera es porque es una especie poco frecuente de ver, la segunda por ser su primera cita en territorio gipuzkoano (mancomunidad de Enirio-Aralar) y la tercera  porque el afortunado observador y fotógrafo es Mikel Ormazabal de SEO Donostia, quien hace bien poco tuvo un encuentro con un Buitre negro en la misma zona. La observación se ha producido el pasado día 7 de agosto y gracias a las comunicaciones de la FCQ y del personal encargado del seguimiento de la especie en Nafarroa, Itziar Almarcegui y Alfonso Llamas, podemos confirmar que el hermoso Quebranta que veis en las imágenes es Kiriku.


domingo, 3 de junio de 2012

BUITRE NEGRO POR ARALAR



Este pasado 28 de mayo, Mikel Ormazabal, dando una de sus habituales vueltas por nuestros más emblemáticos parajes, en esta ocasión el Parque Natural de Aralar en territorio gipuzkoano, tuvo la gran fortuna de cruzarse con el Buitre negro que veis en sus fotos.


La presencia de esta especie en nuestro territorio es algo extraordinario, tal como se expone más adelante. Detectarlo cuando se están viendo gran número de leonados en la zona tiene su mérito y, tener los reflejos suficientes para hacerle algunas fotos, hace del avistamiento doblemente especial.



En un primer momento pensamos que podría ser algún ejemplar del proyecto de reintroducción que se está llevando a cabo en el Pirineo catalán. Puestos en contacto con ellos, Marc Gálvez, al que agradecemos su respuesta, descarta esa procedencia y apuesta por un origen más del interior peninsular. Hasta el final del verano algunos ejemplares no reproductores divagan dirección Norte Noreste, más o menos asociados a Leonados. De hecho, en Boumort, este año ha aparecido uno anillado en Madrid. Más información sobre este apasionante proyecto: http://es.blackvulture-pyrenees.org/proyecto-reintroduccion-buitre-negro-pirineos/



Este ejemplar avistado en la mancomunidad de Enirio-Aralar es muy posiblemente la 2ª cita de la especie en Gipuzkoa y, que nosotros sepamos, la 3ª en la Comunidad Autónoma de Euskadi. No nos olvidamos de aquel juvenil que tuvimos la suerte de observar en el collado navarro de Lintzoain en mayo de 2010, pero administrativamente es otra comunidad. Otra cita, primicia para Bizkaia, fue esta que recogimos en septiembre de 2011: http://seodonostia-gipuzkoa.blogspot.com.es/2011/09/un-joven-monachus.html



Este joven, parece ser el 1er ejemplar de Aegypius monachus del que se tienen noticias en Gipuzkoa. El 13 de septiembre de 1994 apareció, ileso, en un punto entre Deba y Mutriku y fue trasladado al centro de recuperación de fauna “Arrano Etxea” de Igeldo, para luego liberarlo en un hábitat más propicio. Como se puede comprobar, el hecho fue calificado de “insólito” por los expertos.



Esperamos que, sin dejar de ser especial, cada vez sea menos “insólito” que un Buitre negro nos sobrevuele o lo podamos ver acudiendo a alimentarse de alguna res muerta. Eso sería señal de que los esfuerzos por la recuperación de esta especie, aún en serio peligro de supervivencia, van consolidando los esperanzadores frutos que se están obteniendo. No en vano fue elegida “Ave del Año 2010” por SEO/BirdLife.
Disponemos de entornos y hábitats adecuados y las normativas europeas ya se han adecuado a las necesidades y requerimientos de alimentación de estas magníficas aves.


Cita y fotos: Mikel Ormazabal
Hemeroteca: Joselu G. Quintas
Recopilación: Xabier Garate