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jueves, 5 de enero de 2012

Las GRULLAS de ARJUZANX y (II)




Como la cita con Natalie, nuestra guía, era a las 15:30 en La Maison de Barreyre, a las 13:30 nos decidimos a dar cumplida cuenta de los bocatas y del contenido de los termos, al cobijo de un observatorio (como ya es costumbre). Reposición de fuerzas, con celebración cumpleañera incluida (Zorionak Zuriñe), y nos disponemos a afrontar, con un sol de 12º, el “plato fuerte” de la excursión.




En tres furgonetas de la reserva, dos de ellas conducidas por nosotros (que hasta aquí también llega la crisis), llegamos a la gran e imponente torre de madera, oteadero incomparable que domina toda la zona.




En el silencio que precede a la llegada de las Grullas, vemos un Zorro, dos Corzos y 3 Jabalíes. No faltan en la lámina de agua Avefrías, Porrones y otras acuáticas. La expectación “grullera” va en aumento y de pronto, a las 17:00, empiezan a aparecer a lo lejos los primeros cientos que van pasando a ser miles.







Es emocionante. El trompeteo y las siluetas de las zancudas lo inunda todo, superponiéndose a nuestras voces: “Mira, mira, por la derecha viene un bando grande”, “Por allí también vienen más”, “Las de allí son más de mil”, “Mira estas que cerca”, “Que espectáculo”… y claro: “Silencio, silencio, que nos van a oír”  o “callad un poco que nos volveremos locos”.








Indiferentes a nuestro ajetreo interno y a las emociones que invaden observatorio y observadores, las Damas grises van cumpliendo el ritual que dicta su instinto. Al atardecer van congregándose en este espacio que perciben seguro, hasta formar un solo ser de veintitantos mil individuos, ante nuestra mirada atónita y un poco más enamorada.






Como cuando pasa una tormenta y los truenos se van apagando a lo lejos, así se van acallando las voces de las Grullas dispuestas para el sueño. Anochece y toca retirada. Bajando, ya a oscuras, la escalera de la sólida atalaya, ya no las vemos, pero aún se escuchan retazos del clamor que llenaba el aire.




En esta ocasión, por factores que solo las Grullas conocen, se han posado a mayor distancia que en otras ocasiones, pero la intensidad de esa hora de llegada ha sido similar. 

 



Por razones igualmente desconocidas, en esta excursión solo hemos visto unas pocas Palomas torcaces, cuando el año pasado se estimaba que pasaban de las 300.000 las que invernaron aquí.


Ya más relajados pero no menos contentos, vamos abandonando el lugar. Las luces de los faros nos descubren a algún Conejo y alguna Liebre, que buscan el amparo de la noche para salir de sus refugios. Lo tomamos como un broche de despedida, mientras solo pensamos en que tenemos volver y… volveremos.


Javi Olmo, Iñaki, Pedro, Oscar, Kirsten, Zuriñe, Zigor, Javi Flandes, José Luis, Begoña,
             
                                        Joselu, Joseba, Maite, Josefi, Leire e Imanol

 

viernes, 30 de diciembre de 2011

Las GRULLAS de ARJUZANX (I)


No es una salida improvisada, requiere planificación, reservas y un poco de suerte. Las Grullas encontraron en este espacio recuperado un excelente lugar de invernada y los apasionados de SEO Donostia encontramos razones más que suficientes para ir a su encuentro, antes de terminar el año.


Así el 18 de diciembre, con todo preparado, los “trastos de mirar y hacer fotos”, los bocatas y la ropa de abrigo y una buena dosis de ilusión, partimos dirección a la “Réserve Nationale d´Arjuzanx”. El camino no se hace demasiado largo cuando el último conteo de Grullas en este lugar, la zona de mayor invernada de toda Francia, habla de más 20.000 ejemplares.


Tener este fantástico enclave a 150 Kilómetros de casa es un privilegio que no podemos desaprovechar. Enfilamos hacia la región de Aquitania los dieciséis que nos concentramos al pié de Biriatou. ¡La torre de observación toda para nosotros!


Le Site d´Arjuzanx está en las afueras del Parc Naturel Régional des Landes de Gascogne. Abarca una superficie de 2.673 has. de lo que fue, hasta finales de los 80 del s.XX, una gran mina de lignito, que estuvo en explotación poco más de 30 años, para abastecer de combustible a una central eléctrica.


El mineral se encontraba a más de 20 metros de profundidad y las excavaciones dejaron en el terreno una profunda huella. El llenado de agua formó unos vasos lagunares que, con la regeneración vegetal del entorno, son hoy cobijo y refugio de fauna salvaje.


El lugar está dotado de una enorme torre observatorio de acceso reservado, que todo es poco para preservar la tranquilidad de las aves, y está orientado para ver la entrada de las miles de Grullas al dormidero.



Aunque amaneció el día con aspecto tristón y lluvia, tiñendo incluso de los primeros blancos nuestra pequeña cumbre de Aiako Harria, una vez sobre el terreno el sol se fue abriendo paso durante las horas en que buscamos a las Grullas por los rastrojos de maíz, antes de comer y de acudir al dormidero.




Estas prospecciones por los alrededores de “le Site” no defraudan e incluso acrecientan el entusiasmo, de ese que vence todas las adversidades.
Algunos bandos nos sobrevuelan en su trasiego en busca de alimento. En grupos familiares, pareja con uno o dos pollos, y pequeñas agrupaciones se dejan ver por los campos entre bosquetes. Buscamos con atención ejemplares anillados que confirmen sus orígenes y localizamos una con anillas de Alemania.


Entre “grulla y grulla” también pudimos ver Palomas torcaces en su particular toilette matinal, Faisanes, Milanos reales, Busardos ratoneros, Estorninos pintos, encaramados a los lomos de caballos buscando alimenticios parásitos entre el pelaje, y muchas especies de aves más.




Corzos y Jabalíes, que abundan en la zona, se dejaron observar, enriqueciendo el elenco de fauna salvaje que puebla el lugar.


                                                                                          continuará....

martes, 7 de diciembre de 2010

GRULLAS de AQUITANIA


Nombrar la dehesa de Extremadura o Gallocanta en Aragón, para cualquier apasionado de las Grullas, es evocar la invernada de miles de estas elegantes zancudas. Sin restar valor a estos lugares, indiscutibles paraísos grulleros, en la Aquitania francesa contamos con enclaves que son de altísimo valor durante la migración y que son cuarteles de invierno para aquellas que no pasan al Sur de los Pirineos.


Dos de estos puntos son:
En el Departamento de Pyrénées Atlantiques, Les Barthes de l´Adour en Saint Martin de Seignanx, muy cerca de nuestra casa, a escasos 10 Kms al Este de Bayonne (Baiona).
En el Departamento de Landes (Las Landas) y a unos 40 Kms al Oeste de Mont de Marsan, está la zona de Arjuzanx.




Con el cuidadoso seguimiento de lectura de aves anilladas, se puede constatar la fidelidad a los lugares de invernada de las Grullas. Son varios los ejemplares detectados en años sucesivos. Incluso hemos podido  comprobar cómo una de estas está este año aquí acompañada de su cría, también anillada.



Para el segundo enclave; Arjuzanx, es conveniente organizar una excursión un poco más planificada y así lo hicimos este pasado domingo 5 de diciembre.


En la Reserva sobresalen sus humedales y los bosques de pino con algún roble. Estos lagos artificiales se han construido a partir de unas minas a cielo abierto que existían hasta 1992, y que se han convertido en lagunas de agua dulce después de su rehabilitación. El dormidero de Grullas es mayormente una zona de pastizal situada a las orillas de varios lagos cercanos entre si.



Nada más llegar realizamos un recorrido por los alrededores de la Reserva, en la población de Morcenx, por carreteras que bordean los campos de maíz, donde se alimentan las recelosas Grullas, que emprenden el vuelo en cuanto salimos de los coches. Por eso decidimos emboscarnos en un pequeño pinar, desde donde las observamos un buen rato e incluso pudimos descubrir una anillada en Suecia.








Al mediodía, después de reponer fuerzas, acudimos a un Centro Cultural, donde se celebraba la “2.eme. Fête des Grues (que no necesita traducción), con diferentes actos y materiales expositivos e informativos en torno a Grus grus.


Desde allí, Xabier, el guía nos trasladó en vehículo a un recinto acotado dentro de la Reserva, donde se encuentra una imponente torre de observación de 15 metros de altura.


Desde esta magnífica atalaya contemplamos la arrivada de miles de grullas al dormidero. Espectáculo espléndido, la visión de sus siluetas recortadas sobre el horizonte, contra un cielo sombrío de atardecer otoño-invernal. Las cifras son impresionantes gracias al minucioso conteo de nuestros vecinos del norte. Estos datos conocidos con puntualidad por los más grulleros de nuestro grupo, así sabemos que en ese día: Arjuzanx 13.000 Grullas, junto a las áreas del entorno, Capiteux 8.000, Puydarrieux 1.400 y las 5.000 de Barthes, rebasaban ampliamente los 25.000 ejemplares por la zona.






Momentos emocionantes que allí vivimos, sobrecogidos por el trompeteo de cientos de gargantas sonando al unísono y a muy escasos metros.

No solo de Grullas vive el ornitólogo y tanto en Barthes como en Arjuzanx, otras especies comparten estos espacios húmedos. Así son numerosas las anátidas: Cucharas, Rabudos, Cercetas y Silbones, entre otras. Algunas rapaces propias de este entorno como: Aguiluchos pálido y lagunero, Ratonero y Cernícalo. Avefrías por centenares, paseriformes de variadas especies y familias, incluyendo a los inteligentes córvidos, Urracas, Cornejas y Arrendajos, quedaban casi cubiertos por las sombras de los enormes bandos de Palomas torcaces, de las que se estima un número que ronda las 300.000 por la zona. Hasta varios tímidos Corzos se dejaron ver.


Naturalmente, por su proximidad, el primero de los lugares es de visita más frecuente y del que disfrutamos de sus aves no solo en invierno, pero si especialmente en esta estación. Allí es habitual la invernada de entre 2.000 y 3.000 Grullas, según años (Este pasado domingo se contabilizaron 5.000). Grullas que encuentran alimento en los rastrojos de los maizales y reposo seguro en la zona lagunar.


Barthes es como se conoce en Francia a los espacios ganados para terrenos agrícolas de las orillas de los ríos. El maíz es el cultivo principal y el rastrojo después de la cosecha deja abundante alimento para que las grullas puedan pasar el invierno. Una zona anegada sirve de dormidero y allí se concentran para pasar la noche. No es un espacio accesible y el único lugar de observación es una torre bien construida que domina el humedal y sus márgenes.