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domingo, 23 de octubre de 2011

CHORLITEJO PATINEGRO ANILLADO


El Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus), pese a que en algunas guías aparezca nuestra costa como área de reproducción, en el entorno de Txingudi es una especie poco habitual. La cita de algún ejemplar, por escasa, resulta de por sí interesante. Razón más que suficiente para dedicarle una entrada a este que os presentamos.



Fue localizado por nuestro compañero Zigor Portu en la le playa Hondarraitz de Hendaia, el pasado 29 de agosto de 2011. Vio un grupillo de Correlimos tridáctilos y tres Chorlitejos, les sacó algunas fotos “testimoniales” ya que siempre es interesante detectar las escalas del viaje migratorio de todo tipo de aves. La sorpresa llega cuando, al descargar las fotos en el ordenador, se aprecia que uno de los Chorlitejos está anillado (el situado más a nuestra derecha).


Al ampliar la imagen vemos en primer término a un Chorlitejo grande en plumaje invernal y eso nos conduce al despiste y, por esos automatismos (que en ocasiones nos conducen al error), dimos por juveniles de la misma especie a sus dos acompañantes. Buscamos los proyectos de anillamiento de C. hiaticula y ninguno coincidía, obviamente.



Si es cierto que nos equivocamos en la identificación, también es cierto que no nos rendimos con facilidad y consultamos a quienes nos pudiesen orientar. La luz, para la identificación correcta, la encendió quien habitualmente nos tramita las anillas que observamos (gracias Alfredo), y él mismo se ocupó de contactar con el responsable del proyecto.


James Jean Baptiste nos comunica que este alexandrinus lleva las anillas que se colocan desde 2007 en el
A continuación parte de lo recibido de J. J. Baptiste donde se muestra el método de captura y marcaje de estos Chorlitejos y el viaje (sobre el mapa) del ejemplar de la playa de Hendaia.




Desde aquí aprovechamos para agradecer la buena disposición y su colaboración de,  además de Alfredo Herrero y del propio James Jean Baptiste, la de Manu Chapa y Richard Howard.

domingo, 24 de abril de 2011

DOMAINE d´ABBADIA


Site Naturel Protégé

Así lo presentan y así es este enclave de la vecina Hendaia. Después de las arenas abiertas al Cantábrico de la playa Ondarraitz, los Pirineos van cediendo terreno al mar en abruptos acantilados. Este lugar de la costa labortana, cuidado con el mayor esmero, es un mosaico de variados biotopos, campiña, tupidos setos, bosquetes caducifolios y verticales cornisas de piedra. En este hermoso lugar, Antoine d´Abdadie, hizo construir su palacio-observatorio a mediados del XIX. La defensa bélica del litoral jalonó de Bunkers este sitio, hoy sus ruinas son hogar de lagartijas y Collalbas, y las flores ruderales embellecen sus restos.


Desgajados del continente dos imponentes fragmentos de acantilado evidencian la fuerza erosiva del viento y las olas. Conocidas como “Les Jumeaux” (Las Gemelas), son los dos trozos en que se partió al caer,  la piedra que lanzó Basajaun desde Aiako Arria con intención de destruir Bayona. Sus cortados muestran ese aspecto de tarta “mil hojas”  que los geólogos llaman Flysch.



Esta es Dunba Luzie:



Y esta su hermana, Dunba Zabala, donde se asienta la colonia:


Estos inexpugnables monumentos naturales acogen con seguridad (a la que hay que sumar la vigilancia y cuidado del espacio) una colonia mixta de Gaviota patiamarilla y Cormorán moñudo. El lárido, más abundante, no esconde sus nidos, bastándole la orientación al Este y la pequeña pendiente de la loma de la roca para resistir los embates del viento de galerna. Por el contrario el moñudo, mucho más escaso, añade a esta estrategia el hacer sus nidales en cavidades de la roca. Quizás “aristotelis” soporte peor la insolación y por ello necesite anidar bajo la sombra.


Al común de los visitantes, empapados sus ojos con la belleza del lugar, le pasarán totalmente desapercibidos estos nidos. Todo lo más notará las posturas de incubación de algunas gaviotas, en tanto que otras juegan en el viento mostrando su elegante dominio de las corrientes aéreas. Localizar los nidos de los moñudos, exige observación detenida y minuciosa, y todo hay que decirlo, el empleo de unas ópticas adecuadas, ya que la distancia desde el punto más cercano supera los 200 metros. Año tras año, la continua dinámica de los derrumbamientos va incrementando la distancia, pero ofrece nuevos ángulos de observación.


Una vez localizados los nidos es de admirar la paciencia y constancia de las aves en proporcionar calor y cobijo a su descendencia, primero como huevos y luego ya pollos. Este tiempo lo aprovechan para acomodar la escasa vegetación que forma el lecho y en permanecer alertas ante cualquier amenaza.


Llega su pareja y, apenas se posa en la orilla del nido, tras unos breves gestos rituales se produce el relevo en la incubación. El ejemplar que permanecía en el nido se lanza en vuelo hacia el mar para procurarse alimento. La curiosidad nos pide distinguir si se trata de la madre o del padre, pero ambos sexos son similares y nos quedamos con la duda.
En otro nido cercano, el adulto llega con el buche lleno, allí ya ha debido de eclosionar  alguno de los tres huevos, los polluelos demandan comida y el trabajo se multiplica.


En una roca cercana, ya en la cala Loia, descansan y se secan al aire y al sol, unos cuantos Cormoranes. Distinguimos adultos moñudos y juveniles no reproductores y algún inmaduro de los grandes.


Dejamos con sus quehaceres reproductores a estas marinas y retomamos el camino de regreso. Recorrido de por sí recomendable y que en estas fechas, pleno de flores y cantos diversos, es un auténtico placer de los sentidos.


No faltan los trinos y el trajín de numerosas avecillas propias del lugar. Unas entre la espesura de argomales, endrinos y arbolillos de pequeño porte, otros en las masas de frondosos robles, y destacando en los prados, el arrogante Faisán.